EL
CAMINO DE LA CUARESMA
Este miércoles 13 de Febrero
comienza la Cuaresma. Tiempo de preparación para la gran celebración de los
misterios más importantes de nuestra fe. La Pasión, Muerte y Resurrección de
Nuestro Señor Jesucristo. Se asocia este tiempo de Cuaresma, a la disciplina
interior: el ayuno, la abstinencia, el sacrificio y las obras de caridad.
Los ritos del Día de la
Ceniza recuerdan las viejas costumbres penitenciales de los judíos que se
vestían de saco y se embadurnaban de ceniza. La Iglesia dio continuidad a dicha
práctica, para imponer sobre la frente de los fieles una pizca de ceniza
procedente de quemar las palmas sobrantes de la Misa del Domingo de Ramos.
Coexisten, hoy, dos frases a la hora de la imposición. Una la más conocida
desde antes: "Acuérdate que eres
polvo y al polvo volverás" y otra con más contenido de cara a nuestro
camino de conversión: "Convertíos y
creed en el Evangelio". El pórtico ya está abierto, pero, ¿cómo
interpretar ese camino de purificación que nos marca la cuaresma?
ORACIÓN, PENITENCIA Y LIMOSNA
La oración es nuestro
sistema de diálogo con Dios, con un Señor que vive y que nos enseña. La
penitencia es la reflexión sobre nuestros excesos y desamores. El conocimiento
de nuestro mal obrar y la búsqueda del bien y del perdón. Nos tiene que
perdonar Dios, pero también deberíamos buscar el perdón de todos aquellos a los
que hemos ofendido o hemos hecho mal. En cuanto al ayuno y la abstinencia (son
ya solo unos pocos días al año) es una fórmula simbólica de solidarizarnos
mínimamente con los que tienen nada y enlaza con una tradición austera de
nuestra espiritualidad. Es obvio que el ayuno y la abstinencia no tienen
sentido si no se ejercita la limosna. Los demás nos necesitan. Los países ricos
(y España lo es) tienen su "Cuarto Mundo", la pobreza alojada junto a
la riqueza deslumbrante.
Pero junto a estos
planteamientos más comunes, más generalizadores, hemos de ejercitar los
personales, los "íntimos".
Es decir, abrir nuestro corazón a Dios y preguntarle que quiere Él que hagamos
durante esta Cuaresma y como, asimismo, puede enseñarnos el significado
profundo del camino de su Hijo en dirección hacia el suplicio de la Cruz. No es
posible asumir la Cuaresma sin esa interiorización. A partir de ahí tiene que
aparecer un principio de mejora, de purificación y de conversión. Es un tiempo
en el que tenemos que profundizar más en nuestra oración, disponer nuestro
espíritu para una proximidad mayor con lo transcendente.